Por Lu
¡Hello hello queridos lectores! ¿Qué tal les fue leyendo a Osho? Ay, no pongan esas caras de confundidos y no demoren en comenzar su nuevo aprendizaje sobre el amor. Recuerden tener su libro “Háblanos del amor” en el cajón de herramientas de emergencia durante su primer año de matrimonio, les servirá más que su primer libro de cocina. Preferible que se queme el agua a que se queme la relación, ¿sí o sí?
Y bueno darlings, no es que sea exagerada pero como les escribía la semana pasada, uno nunca sabe lo que le espera cuando se casa.
Cuando cumplí 28 años me fui a vivir sola con una amiga. Mi enamorado nos ayudó en todo, que llevarnos por aquí y por allá, me llevaba al supermercado, y como dice Marco Antonio de la Parra en su obra “Infieles”: “Eso es lo malo de los compromisos, a un amante se le perdona todo, a un esposo, a una pareja estable, se le exige y no se le aguanta nada”. Yo ni siquiera me fijé en su comportamiento cuando hicimos muchas cosas. Ni siquiera me acuerdo de la primera ida al supermercado como novios pero ayayai, la primera ida como marido y mujer sí que la recuerdo.
Llegamos, tomé una carretilla, él se ofreció a llevarla… De repente, mi esposo competía imaginariamente en las olimpiadas de carretillas por todas las perchas del supermercado como niño de siete. ¡Qué locura! Yo corría como loca por todos los pasillos buscándolo para preguntarle ¿qué quieres de desayunar? ¿qué cereal quieres? – “Me da igual, escoge tú”- Bueno está bien, fui y escogí. Volví a buscar, esta vez con el celular en mano. “Aló, mi amor ¿dónde estás?”- “Atrás tuyo”- . Por el sol y las estrellas que casi me da un infarto. Me viré y había una criatura extraña con una máscara que me miraba ahogándose de la risa. Él había descubierto la sección de “hora loca”. ¿Qué carajo?. ¡Casi se me caen todos los multiproductos de la mano! Le quité la carretilla, le exigí que se quedara al lado mío y que por favor me ayudara a escoger las cosas que él quería para irnos rápido. Le daba igual. ¿Cómo que le daba igual? Había que escoger, había que ver que era más nutritivo, que producto era nuevo, qué no habíamos probado. ¿Hacía falta pasta de dientes? ¿Qué pasta de dientes usas? ¿Este pan , o prefieres el otro? Tantas cosas que yo necesitaba saber para conocer más a mi esposo y la próxima vez saber qué comprar. “Nada, me da igual mi amor lo que tú quieras”. No no no, eso era demasiada responsabilidad para mi, decidir qué comprarle a la otra persona mientras ella jugaba a los carros chocones con otros niños.
Que pesadilla mis darlings, pensar que todo iba a ser así. ¿Todas las decisiones de la casa las iba a tomar yo o qué? ¿Por qué no me di cuenta de eso antes de casarme? O capaz me di cuenta y no me importó porque no tenía la palabra “exigir” en mi diccionario del amor aún.
Estaba agotada, había corrido detrás de esa criatura por más de una hora atosigándolo por saber qué quería, más fácil hubiera sido comprender que realmente le daba igual. Ahora lo hago, ahora compro lo que a mí me da la gana y si no le gusta, salado, para qué no se pone las pilas.
Cuando llegué a la casa y me acosté comencé a tener todos esos recuerdos. Él trepándose a la carretilla y deslizándose, pidiendo solo cola. Probándose todas las máscaras y sombreros, husmeando los juguetes para los gatos, y por supuesto, metido por horas en las perchas de herramientas y no sé qué cosas más. OH MY GOD, al menos escogió el jabón que quería para la cara. OK.
Abrí mi cajón mágico y saqué mi libro de emergencias. Ahora disfruto cada vez que lo veo rodar con la carretilla por las perchas del supermercado, hasta he comenzado a hacerlo, es tan liberador. Comprendo que cada vez que vamos a hacer las compras, en él se despierta una memoria emotiva que lo hace recordar y sentir su pasado cuando iba de niño con su mamá. Yo no soy nadie para obligar a mi esposo a no recordar momentos tan divertidos.
Así que tip nomber tri: paren bola desde ya a todo lo que pasa con su pareja antes que se lleven tremendo sorpresón. Y el coctel exigir/no tolerar guárdenlo para momentos realmente importantes.
¡Ya saben! Amen sin reparo, en 30 años quizás no lo recuerden.
Mucha salud y energía,
LU











