Cuando las zonas erógenas de la mujer son estimuladas a través de estímulos táctiles, auditivos o visuales, automáticamente se activan los neurotransmisores del cerebro, los cuales aumentan la serotonina y la dopamina, hormonas que permiten llegar a el orgasmo femenino.
Las zonas erógenas de la mujer con más terminaciones nerviosas y tejido eréctil son el clítoris y los pezones. Sin embargo, eso no quiere decir que sean las únicas zonas erógenas de la mujer. Otras áreas sensibles que al ser estimuladas pueden producir placer son el abdomen, senos, cuello, los lóbulos de las orejas o incluso el ano, una zona altamente sensible en muchas mujeres.
Cuando el clítoris de las mujeres es estimulado, se erecta al igual que la glande del hombre debido a que está repleto de vasos sanguíneos. La estimulación en esta zona erógena de la mujer aumenta el flujo sanguíneo produciendo una secreción de las glándulas de Bartolino -situadas a cada lado de la apertura de la vagina- y este líquido lubricante ayuda a que el pene se deslice correctamente en la vagina causando placer.
Los pezones son otra de las zonas erógenas de la mujer. Estos órganos tienen tanta inervación que al ser acariciados, mordidos, succionados o lamidos se ponen erguidos. Esto es señal de excitación.
Toda la piel del cuerpo puede ser considerada como un órgano sexual y como una zona erógena de la mujer. Cada mujer tiene ciertos puntos de placer que son más receptivos a la estimulación que otros. En algunas mujeres, sus zonas erógenas pueden ser la espalda, el ombligo, la parte interna de los muslos o los dedos de los pies.
Las manos, los dedos, la lengua, los labios e incluso hasta el miembro varonil pueden ser utilizados para estimular las zonas erógenas de la mujer.
Algunos cocteles afrodisiacos también pueden ayudar a que las zonas erógenas de la mujer se activen.


















































